Como lauderos, nos enfrentamos con el tema de la simetría y a veces nos sorprendemos de cuán poco obedecen hasta los mejores instrumentos antiguos de la historia a los criterios de una “simetría perfecta”.

El alquimista dice: “Lo que no tiene nombre no existe”.

Que significa: “Lo que no es único e irrepetible no tiene esencia propia”.

Por lo tanto, lo que consiste en dos mitades congruentes , por tanto, según la concepción moderna es “perfecto” en su simetría, no tiene esencia propia, porque si una mitad es repetible, todo es repetible.

 

Ninguna hierba, ninguna hoja, ninguna cara y ningún violín construido por Amati, Guarneri, Stradivari o Stainer tienen dos mitades totalmente idénticas, por lo que no son “perfectos”, aunque obedezcan a un concepto de simetría. El arte barroco está dibujado a mano, es la plasmación de un movimiento, no es estático, y no es repetible porque no es perfecto.

Como ejemplo, el círculo: un círculo “perfecto”, dibujado por ordenador, no es un círculo en un sentido alquímico-filosófico, porque no tiene esencia propia y ni siquiera existe porque no tiene “nombre”.

Si hiciéramos propio este pensamiento en su totalidad, todo nuestro trabajo cambiaría radicalmente.

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