Aunque suelo redactar los artículos yo mismo, otras veces prefiero compartir las experiencias de otras personas que saben más y lo expresan mejor.

En esta ocasión traigo como invitado un artículo del blog www.abetoyarce.com, donde el luthier salmantino Eduardo Frances, cuenta muchas cosas de su profesión. Y en el siguiente artículo habla sobre las falsificaciones de instrumentos famosos, o las “copias engañosas”.  En varias ocasiones, algunas personas han escrito a este blog preguntando por el valor de sus violines, que llevan en su interior etiquetas con nombres legendarios. Algunos piensan que pueden haber adquirido un instrumento valiosísimo sin que el vendedor se haya dado cuenta. Este artículo intenta aclarar este tema:

Stradivarius label
El hombre, como ser inteligente que es, trata de sacar el mayor beneficio con el menor esfuerzo, y la falsificación, si dejamos de lado la ética, es una buena opción. Sólo hay que fijarse en lo que otros inventaron, construyeron, pintaron, etc. y sacar buen provecho de ello.

La historia de la falsificación es tan antigua como la vida misma. Como muestra, baste citar que contamos con ejemplos de falsificación de moneda que datan de la época de la Antigüedad Clásica, como podemos comprobar en este artículo de la Revista de Arte – Logopress.

Cualquier objeto cuyo valor de cambio es relativamente elevado, es susceptible de ser copiado y la lutheria no podía quedarse al margen de semejante práctica.

De todos es sabido que, hoy en día, la etiqueta que figura en el interior de un instrumento tiene muy poco peso a la hora de establecer si dicho instrumento es o no auténtico. Cuántos casos he tenido de personas que me han preguntado “tengo un violín con una etiqueta que pone Stradivarius, etc.¿Puede ser auténtico?”. Decididamente no, por supuesto.

La colocación de etiquetas falsas en el pasado ha sido una práctica habitual en el mercado de instrumentos y, desgraciadamente, lo sigue siendo hoy en día. No tenemos más que entrar en Ebay y darnos cuenta de la cantidad de instrumentos de tal o cual constructor que se ofrecen a precios muy por debajo del  valor de cotización de dicho luthier y que luego resultan ser una burda falsificación. No nos dejemos engañar, no son gangas, son un timo.

Pero ¿cuándo comienza esta práctica?. Parece ser que son los propios constructores italianos los que comienzan a falsificar etiquetas. Como podemos encontrar en el interesante libro de Hill, Hill & Hill: Antonio Stradivari, his life and work, la primera constancia que tenemos de un hecho así es la recogida en la reclamación que, en 1685, Tomasso Antonio Vitali, violinista y compositor en Módena, eleva a “Su Serenísima Alteza el Duque de Módena”. Vitali, por mediación de un tal Capilupi, había adquirido un violín, cuya etiqueta era la de Nicolò Amati, por un precio de 20 pistoles (moneda equivalente al Escudo o al Luis de Oro), pero descubrió que, debajo de la etiqueta de Amati, figuraba otra perteneciente a Francesco Ruggieri “Il Per” a la sazón alumno de Amati, cuya cotización en aquella época era de no más de 3 pistoles.

La famila Ruggieri, Andrea Guarneri, G. Cappa, por citar sólo a algunos, utilizaron la etiqueta de Amati en multitud de ocasiones, aparte de la suya propia. En Alemania se cuentan por millares los violines de aquella época que llevan etiqueta de Stainer, muchos luthieres germanos nunca llegaron a utilizar su propia etiqueta. Era, en fin, una práctica bastante extendida.

Ahora bien, ¿cuál era la intención de estos “copiadores”? Según los autores del libro citado anteriormente, en el ánimo de estos constructores nunca estuvo la idea de cometer fraude alguno, sino la intención de “crear copias exactas, etiqueta incluida“. De hecho, en muchos casos podemos encontrar además de la etiqueta falsa, etiquetas o marcas del constructor original. Vuillaume, que fue el más grande de los copiadores modernos, etiquetó muchos de sus instrumentos como Guarneri o Stradivari, pero en ningún momento ocultó que él fuera el autor, ya que numeraba correlativamente todos sus instrumentos marcándolos en el centro del fondo y siempre usaba el mismo modelo de etiqueta (p.e. en sus copias de Stradivari usaba siempre la del año 1717).

A mediados del S. XIX, la demanda de instrumentos de determinados autores, como Amati, Stradivari, Guarneri, etc. empieza a crecer de una manera extraordinaria, pero la oferta de dichos instrumentos era cada vez más escasa. Este hecho tentó a muchos distribuidores de instrumentos, no a los luthieres en sí, a falsificar las etiquetas de instrumentos de calidad menor, con el fin de sacar un buen rédito, aprovechándose de la inexperiencia de los compradores.

Esta práctica ha ido extendiéndose hasta nuestros días, encontrándonos hoy con ejemplares de una calidad verdaderamente deplorable, por decir algo suave, que llevan etiquetas de constructores más o menos famosos. La poca catadura moral de muchos comerciantes, unida a la impunidad que hoy nos ofrece Internet, hace que cada vez se den más casos de estafa en este campo.

Para concluir, quisiera aclarar que no debemos confundir entre copia y falsificación. Existe una gran diferencia entre copia bienintencionada y falsificación. Han sido muchos los lutieres que a lo largo de la historia han tomado como modelo a los grandes maestros y han realizado copias de una gran calidad. Podemos encontrar instrumentos con etiquetas de Stradivari o Guarneri, de una calidad inmejorable, como los de Vuillaume, que hoy alcanzan cotizaciones altas. Instrumentos de nivel profesional con etiquetas de Stainer, Klotz, Amati, etc. que por supuesto no son originales, pero que cumplen su función a la perfección.

Nuestro consejo en estos casos es bien sencillo: acudir siempre a un especialista de confianza que le asesore sobre el instrumento que satisfaga sus necesidades y que le hable con claridad y franqueza sobre lo que va a comprar.
my other violin is a strad