Cuando pensamos en los mejores violines de la historia, el nombre Stradivarius eclipsa cualquier otro, quizás de forma desproporcionada en relación con la diferencia de méritos entre el legendario cremonés y muchos de sus contemporáneos de la Edad de oro de la luthería en Italia. Realmente no sabemos cuánto hay de sugestión, de prejuicios, de mitología o de realidad, en esta exagerada preeminencia de algunos artesanos sobre otros de manera que, si atendiéramos a su valor en el mercado parecería que se abren abismos de calidad entre unos instrumentos y otros.

Y sin embargo no parece que sea exactamente así dado que, según pruebas realizadas repetidamente con diversas escuchas “a ciegas” realizadas por expertos, estos no han sabido distinguir, no digamos unos antiguos artesanos de otros, sino ni siquiera un Stradivarius de un violín moderno, quedando esto últimos a menudo por encima en apreciación de su calidad.

En cualquier caso, difícil va a ser borrar la leyenda, y difícil va a ser que en algún momento a algún luthier surgido en algún recóndito lugar se le reconozca haber superado a Stradivari.

Pero sí que hay un nombre que rivaliza en fama y prestigio con él, un nombre incluso que algunos intérpretes colocan como el primero en cuanto a sus preferencias: Guarneri, en reconocimiento sobre todo a Bartolomeo Giuseppe Antonio Guarneri, más conocido como Guarneri del Gesù pero también, en menor grado, a su familia.

La familia Guarneri.

Como en todas las sagas familiares de Cremona, determinar la verdadera autoría de cada instrumento es una labor incierta. Desde Amati, el oficio se transmitía del padre a los hijos, los cuales se iban encargando según crecían, aprendían y mejoraban sus aptitudes, de una cada vez mayor responsabilidad en la construcción de los instrumentos. Sin embargo, la etiqueta que se colocaba era siempre la del padre, mientras continuara vivo, fuera cual fuera su participación real en el trabajo. Por eso, muchas de las últimas obras de un artesano pueden haber sido en realidad en gran parte obra de su hijo. Sólo los muy expertos pueden encontrar detalles que denotan la mano de uno y otro miembro de la familia, y por tanto la autoría real.

Familia Guarneri

Así quedaría la saga Guarneri:

  • Andrea Guarneri (1626 – 1698) Fue aprendiz en el taller de Nicolo Amati de 1641 a 1646. Sus primeros instrumentos están basados en el diseño del Grand Amati, pero buscó la sofisticación para sus propios instrumentos Amati. Tuvo dos hijos que continuaron su tradición:
  • Pietro Giovanni Guarneri (18 de febrero de 1655 – 26 de marzo de 1720), conocido como “de Mantua (Pietro da Mantova) para distinguirse de su sobrino Pietro Guarneri “de Venecia“. Trabajó en el taller de su padre desde alrededor del año 1670 hasta su matrimonio en 1677. Se estableció en Mantua en 1683, donde trabajó como músico y fabricante de violines. Sus instrumentos generalmente son mejores que los de su padre, pero más escasos, dada su doble profesión.
  • Su hijo menor; Giuseppe Giovanni Battista Guarneri (1666 – c. 1739) Conocido como “Filius Andreae”, se unió al negocio de su padre en Cremona, al heredarlo en 1698. Es reconocido entre los grandes fabricantes de violines. Alrededor de 1715 fue ayudado por sus hijos y probablemente por Carlo Bergonzi.

Giuseppe Giovanni Battista Guarneri fue padre de otros dos fabricantes de insturmentos:

  • Pietro Guarneri (“Pedro de Venecia” o “Pietro da Venezia) (1695 – 1762). Dejó Cremona en 1718, asentándose posteriormente en Venecia. Ahí combinó las técnicas de su padre con las de Venecia. Sus primeros trabajos originales datan de 1730. Sus instrumentos son raros y apreciados al igual que los de su padre y los de su tío.
  • Bartolomeo Giuseppe Guarneri (“Del Gesú” 1698 – 1744), para algunos es considerado el más grandioso fabricante de violines de todos los tiempos. Sus instrumentos se diferenciaron de la tradición familiar, crando un estilo propio y único, considerado de los mejores, aunque como sabemos muchos otros opinan que los mejores son los de Stradivari.

Guarneri del Gesù, el portento de la familia.

Mientras que la vida y obra de Antonio Stradivari y otros grandes autores como Amati o incluso Stainer han sido ampliamente estudiados, hay pocos datos respecto a Guarneri y familia, ya que en su época sus instrumentos realmente no fueron valorados tal como se hace hoy en día. Un famoso experto y coleccionista de violines de la época, el Conde Ignazio Alessandro Cozio di Salabue, los calificó como de “segundo nivel” y “pobremente rematados”. Y realmente ocurría que Bartolomeo Giuseppe parecía no prestar atención a los detalles sin repercusión en el sonido, de modo que a la vista sus obras tenían un aire tosco, aunque su sonido fuera impresionante. De modo que no se los valoraba tanto en función de esa imagen: el señor Cozio escribió que un instrumento de Guarneri podía ser adquirido por dos o tres “zecchini”, mientras que un Stradivarius requería diez u once y un Amati más de cuarenta.

El Guarneri Heifetz, de 1740, al inicio de la gran época de Guarneri. Foto: Peter Biddulph Ltd

Como es natural, el joven Giuseppe se inició creando violines con las características de los de su padre, pero pronto comenzó a adoptar innovaciones del trabajo de Stradivari y otros rasgos personales, aunque manteniéndose fiel a la estructura interna y externa de Amati, y a sus modos de construcción, al igual que hizo toda la familia Guarneri.

En 1722 se casó con una mujer alemana, Catarina Rota, quien, según el también gran luthier Carlo Bergonzi, jamás fue feliz con su marido, aunque le ayudó trabajando a su lado en el taller. Coincidiendo con su matrimonio, y aunque siguió colaborando en cierta forma con su padre, abandonó el taller familiar y comenzó a trabajar por su cuenta; esto es llamativo porque en la Cremona de la época las sagas familiares solían trabajar siempre en el mismo taller, sucediéndose padres e hijos. Este afán de independencia es rebelde e inusual.

Quizás tuviera algo que ver el que las habilidades de su padre como artesano declinaran en sus últimos años, y gestionando mal la economía familiar, acabara alquilando el taller a un zapatero.

La etiqueta de un violín Guarnerius incluía las palabras Nomina sacra, IHS (el monograma de Cristo) y una cruz romana, de donde procede el apodo “del Gesú” (de Jesús).

Etiqueta del violín Guarneri “Soil”, de 1733. Foto retocada: Peter Biddulph Ltd

Una característica de sus violines era la buena selección de las mejores maderas para su función específica, a menudo incluso mejor que la realizada por Stradivari, quien a veces utilizaba piezas de madera más sencillas o baratas.

En 1737 Antonio Stradivari murió, y su ausencia produjo una conmoción en Cremona que repercutió en cómo se enfrentaron las diferentes familias a sus negocios. En el caso particular de Giuseppe Guarneri, parece que con esa fecha comenzó un proceso de liberación de los modos rígidos de construcción que lo llevaron a experimentar de forma acelerada diversos cambios en una especie de búsqueda de su propio modo de hacer. Y es esta búsqueda un poco caótica la que lo llevó a alcanzar al genial Stradivari, a convertirse en un rival a su altura.

En 1940 murió asimismo su padre “Filius Andrae”, quien dejó numerosas deudas que del Gesù tuvo que satisfacer junto a su hermano Pietro “de Venecia”. Vendieron la casa familiar y llegaron a un acuerdo sobre las pocas posesiones que recibieron.

Fue en los siguientes cuatro enloquecidos años cuando construyó sus instrumentos más brillantes. Buscó frenéticamente mejorar el volumen y proyección de sonido, a menudo olvidando detalles menores que les hacían aparentar tosquedad. Consiguió que la cuerda Sol tuviera una gran profundidad, superando en eso a los Stradivarius, a los que a veces se les acusa de tener ahí su talón de Aquiles. A diferencia de este, cuyo trabajo sigue una línea clara de búsqueda y perfeccionamiento, del Gesù experimentó de forma más multidireccional, revolucionaria y explosiva, como buscando los límites del instrumento.

No sólo realiza innumerables cambios en la construcción, realiza muchas variaciones,sin una dirección clara pero siempre con ideas brillantes; volutas heterodoxas, efes muy alargadas, etc., los barnices a veces son rojizos y generosos, otras apenas una veladura ligera. Visto desde una perspectiva actual, podría parecer que no son cambios tan radicales. Pero pensemos en una tradición artesana en una pequeña ciudad de Italia transmitida de padres a hijos, en la cual cualquier desafío a las formas aceptadas y tenidas como perfectas era mal visto. Desde esa perspectiva Giuseppe Guarneri revolucionó en un muy corto periodo de tiempo muchísimas convenciones con su experimentación desaforada.

El Guarneri “Vieuxtemps”, 1741. Foto: Peter Biddulph Ltd

 

Hay quien piensa que este trabajo extrañamente cambiante respondía a necesidades económicas, a desesperación, o a un impulso creativo interior o a todo ello junto. Pero en lo que se suele estar de acuerdo es en que nadie había llegado tan lejos en la experimentación y búsqueda de las capacidades tonales del violín.

Cuando Giuseppe Guarneri murió en 1744, su legado no fue prácticamente continuado por ningún artesano. La leyenda lo muestra en sus últimos días enfermo, pobre y enloquecido, delirando en el lecho y alargando el brazo hacia un violín a medio construir en la mesa vecina. Aunque, como todas las historias que se cuentan sin ningún fundamento más que el de la imaginación, no deja de ser más que una visión romántica de un hombre normal con un inmenso talento.

Los Guarnerius del Gesú permanecieron olvidados, sólo muy discretamente conocidos en Italia hasta que, 70 años después, Niccolo Paganini impactó a toda Europa con sus interpretaciones, con la inestimable colaboración de su Guarnerius de 1743, “il Cannone” -el cañón-, apodo que su dueño le puso dada la potencia inusitada de su volumen.

Voluta de Guarneri

Diferencias entre las volutas  del ‘Leduc’ (1744) y  ‘Il Cannone’  1743 Foto: Peter Biddulph Ltd

Il Cannone, el violín de Paganini

Debemos tener en cuenta que Paganini produjo en su época un efecto similar al que hoy en día llamamos “fenómeno de fans”. Sus actuaciones impactaban de tal manera que muchas personas no podían creer que lo que veían y escuchaban pudiera producirlo una persona mortal, lo que dio lugar a infinidad de leyendas que lo llegaron a relacionar con el diablo. Todo este impacto que se producía cuando Paganini detonaba su “Cannone” alcanzó al propio instrumento, que despertó el interés y dotó de prestigio a su constructor. Se inició una auténtica cacería de instrumentos Guarneri a manos de intérpretes, coleccionistas y comerciantes, un interés y una valoración que no han dejado de aumentar desde entonces, hasta alcanzar la cima en la increíble subasta del apodado “Vieuxtemps”, que fue subastado por nada menos que 10 millones de libras.

Il Cannone. Foto: Peter Biddulph Ltd

Paganini poseía muchos violines, solía tocar un Amati pero lo perdió en juegos de azar, de modo que un admirador le regaló Il Cannone convirtiéndose inmediatamente en su preferido. Actualmente se expone en el Palacio Tursi, en el centro histórico de Génova.

Hoy en día, y desde que Paganini lo cedió a la ciudad de Génova Il cannone se cuida y guarda muy celosamente por las autoridades genovesas, y es muy esporádicamente interpretado por lo que se conserva en un gran estado. En 1960 fue adaptado y configurado a los estándar de interpretaron actuales. En 2004 se le volvió a montar copias del diapasón, las clavijas, puente y cordal que usó en su día Paganini, y se exhibe con un juego de cuerdas de tripa, que sin duda el maestro utilizó.

Bin Huang, ganadora del concurso Paganini de 1993, comentaba tras tocarlo:

“Estaba encantada de tener en mis manos el mismísimo violín de Paganini. Pero tal vez debido a la brevedad del tiempo de calentamiento y de la actuación en 1994, no aprecié plenamente lo que podría ofrecer hasta que lo toqué una segunda vez, en 1995. Interpreté el concierto de Beethoven para violín, y aún ahora puedo recordar las inquietantemente hermosas notas altas en la cuerda Mi y la oscura y rica resonancia en las cuerdas graves. El timbre del instrumento es a la vez brillante y dulce, potente y refinado, rico y ligero, oscuro y penetrante. A veces sentía colores y matices que no había escuchado nunca antes. Ofrecía posibilidades inagotables para la expresión.

Cuando lo toqué por tercera vez en Tokio en 2000, le costó cerca de media hora de despertar, pero después produjo el sonido más hermoso que he oído nunca.”

Bin Huang, tocando “il Cannone” y emulando a su propietario más famoso: Paganini y sus caprichos.

Hasta hoy, la lista de grandes intérpretes que han escogido a Guarneri como su instrumento de cabecera es impresionante:  Arthur Grumiaux, Jascha Heifetz, Michael Oser Rabin, Joseph Silverstein, Eugene Ysaye, Isaac Stern, Henryk Szeryng, Leonid Kogan, Alberto Lysy y Pinchas Zukerman

La discreta y humilde vida de Guarneri del Gesù ha hecho que no se conozca ningún retrato suyo fiable, aunque últimamente circula esta tabla del siglo XVII con sendos retratos de Guarneri y Stradivari.

Retratos de Guarneri del Gesù y Antonio Stradivari

Fuentes:

Tarisio: Guarneri del Gesù

Tarisio: il Cannone

Giuseppe Guarneri, wikipedia.

Cremonaogg.it