Una obra de Arvo Pärt que es puro dolor. Canto en memoria de Benjamin Britten, un compositor al que el maestro estonio siempre quiso conocer, al reconocerse también en su música, pero cuando, tras la caída del régimen comunista, tuvo vía libre para ir a verlo, el compositor británico ya había muerto.

Escalas que van resbalando, cayendo como la lluvia, o como lágrimas, hasta caer con un sonido de campana. Nada llora igual que un violín.