De siempre, por su predisposición a la línea melódica, al violín se lo ha comparado con la voz humana, desprovista de polifonía, sin apoyo armónico que defina el sentido de la melodía. Pero el violín (y la viola, el violonchelo, etc.) sí que puede ayudarse de los dobles sonidos, e incluso simular los acordes de tres y cuatro notas, y a ese recurso se han aferrado muchos compositores para construir sus obras para violín solo.

Un ejemplo paradigmático son las Sonatas y Partitas para violín solo de J. S. Bach. Consideradas por muchos la cumbre en el repertorio solista de violín, sus partituras constituyen en muchos fragmentos un desafío inmenso que, en algunos casos, llegan a ser de imposible solución si buscamos la literalidad de lo escrito.

En sus obras para instrumentos de cuerda solo, como las Partitas, las Sonatas o las Suites de Cello, J. S. Bach utiliza a menudo el recurso de acordes largos seguidos de frases ornamentales que deberían ejecutarse mientras resuena el acorde. Pero aunque es posible hacerlo con algunas notas del acorde, no lo es con las cuatro que lo componen, de modo que debemos llegar a una solución de compromiso mediante la ejecución del brazo derecho que, en su impulso, busca prolongar la vibración de las notas lo más posible. Aunque esto es medianamente factible con cuerdas al aire, no lo es en algunos acordes (como el segundo del pentagrama anterior), en el que el intérprete debe devanarse los sesos para decidir qué sacrificar y qué respetar.

Pero siempre hay personas no dispuestas a este sacrificio, y la búsqueda de ampliar las posibilidades del instrumento y el respeto a estas obras es la que llevó a concebir ingenios como el arco curvo, o arco de Bach (Bach por el creador del arco, no por el compositor).

Este arco mutante se basa en un mecanismo que permite destensar completamente las cerdas, de modo que podamos abarcar tres o cuatro cuerdas a un tiempo durante el tiempo que deseemos, hasta que, accionando de nuevo el mecanismo, tengamos de nuevo un arco normal.

El origen de este invento parece ser objeto de discusión. La existencia de las obras de J. S. Bach, y de otras también claramente polifónicas de maestros antiguos como Nicolaus Bruhns (1665–97), el alemán Johann Paul von Westhoff (1656–1705), o incluso el mismo Paganini, ha llevado a pensar a algunos estudiosos que desde antiguo debía de haber una herramienta que permitiera este tipo de ejecución. Imágenes, grabados y esculturas de arcos de estilo medieval y barroco también llevaron a pensar erróneamente que podía tratarse de precedentes del arco curvo. Sin embargo, parece que esta investigación buscaba un fantasma, y nunca se ha documentado una prueba de la existencia de un ingenio tal, que permitiera destensar el arco, hasta el siglo XX, con los primeros intentos del alemán Rolph Schroeder en 1932.

Pero los más serios intentos fueron los realizados por el violinista húngaro Emil Telmányi junto con el luthier danés Knud Vestergaard quienes, en su búsqueda por conseguir interpretar las Sonatas y Partitas de Bach de un modo rigurosamente literal, desarrollaron un arco de violín destensable.

Emil Telmányi haciendo una demostración de su arco curvo en 1954.

El resultado es algo extraño, tal vez en parte por la falta de costumbre de escuchar polifonías tan mantenidas pero, paradójicamente, da la sensación de que la música pierde algo de su carácter violinístico, y recuerda ligeramente el sonido del órgano:

Con el tiempo parece que la iniciativa no terminó de cuajar entre los “académicos” y el arco curvo se hundió en el limbo de los intentos malogrados.

Pero en 1990, un chelista alemán, apellidado de forma premonitoria “Bach”, retomó la idea y volvió a desarrollarla no sólo para el violín, sino también para viola, chelo y contrabajo.

En esa ocasión, el intento pareció tener mayor repercusión, ya que grandes intérpretes como el mismísimo Mtislav Rostropovich, lo avalaron probándolo en algunas ocasiones.

Mstislav Rostropovtch, probando el arco de Michael Bach.

He de decir que me gustan más las versiones con arco curvo para cello que para violín. Aquí vemos al mismo creador del arco curvo, Michael Bach, interpretando una zarabanda de las suites.

Pero, aunque la motivación inicial para la concepción del arco curvo fue la búsqueda de la fidelidad a algunas composiciones antiguas, son algunos compositores modernos los que han visto posibilidades nuevas para sus siempre incansable afán de experimentación. Uno de ellos es Dieter Schniebel, quien compuso en 1992 sus Etüden para violonchelo con arco curvo.

Otro que no podía faltar es John Cage, que no parece poder resistirse a probar un juguete nuevo, en su obra ONE8 and 108, y por supuesto, el propio creador del invento, Michael Bach, que extrae interesantes y sonidos con su criatura en la inquietante 3 Pitches, 21 Sounds:

Pero no ha sido el arco de Michael Bach el único en buscar la piedra filosofal de la polifonía en el violín, hay otros experimentos más grotescos, esperad a ver esta otra opción desarrollada por el violinista Vladimir Pliassov, no le pediría hacer un stacatto con eso.

Cómo tocar con un arco curvo sin tener un arco curvo.

Pues sí, podemos experimentar la extraña sensación de tocar todas nuestras cuerdas a la vez haciendo una pequeña modificación a nuestro propio arco que se explica en el siguiente vídeo (no me responsabilizo de los posibles daños que pueda causar la siguiente manipulación). Debo deciros: yo no lo he probado, si vosotros os animáis, no dejéis de comentar contando la experiencia:


Más información:

Bach-Bogen

Tienda de arcos curvos