A veces escucho por internet emisoras de radio extranjeras de música clásica, como la BBC 3 WQXR de Nueva York, y me sorprende descubrir que emiten con bastante frecuencia obras de compositores españoles como Falla, Albéniez o Granados. Incluso me atrevería a decir que con tanta frecuencia o más que las propias emisoras españolas.

Es un lugar común que la frase de que nadie es profeta en su tierra es objetivamente cierta en nuestro país, por eso no está de más que se recuerde de forma periódica lo mejor de lo que se ha creado por aquí en el ámbito de la clásica.

Hace poco más de un año la violinista Leticia Moreno ya editó un estupendo disco de obras españolas para violín, una deliciosa selección de piezas de las cuales algunas eran inexplicablemente poco conocidas o interpretadas.

Y en esta ocasión me alegro también de este reciente disco del casi todavía adolescente Jacobo Christensen (16 años), que ha escogido, entre otras piezas del repertorio romántico, de esas que todo violinista disfruta (Tchaikovsky, Kresyser, Massenet), obras de E. Granados, P. Sarasate y M. de Falla para nutrir su primer disco.

Violín Jacobo ChristensenSobre Jacobo Chrisstensen, hijo de danés y española, escribiríamos los tópicos de siempre sobre un niño precoz que empieza a tocar con tres años, da su primer concierto a los cinco, gana un montón de concursos, estudia con los mejores maestros, etc., pero sinceramente, esa historia está tan oída que ya me da un poco de grima, parecería que los niños prodigios del violín son una especie de fenómenos de feria que causan asombro por lo raro de su prematura genialidad. También sucede a menudo que niños asombrosos terminan estancados en su habilidad, si no profundizan en su musicalidad, en su propio carácter, acostumbrados a causar impresión no se dan cuenta de que como adultos necesitan aportar algo más para destacar entre sus compañeros músicos. Afortunadamente parece que este no ha sido el caso de Jacobo Christensen.

Porque lo que me ha llamado la atención de su forma de tocar en el video de presentación de su disco, con la famosa Danza Española nº 5, de Enrique Granados, es su gran expresividad, con un carácter de melancólico romanticismo, atemperado por el oscuro sonido de su violín. Se agradece esa serenidad en alguien tan joven, que parece ya saber qué sonido busca.

Hablando de su violín, hay que decir que se trata de un violín Gaetano Sgarabotto de 1920, adquirido por mediación del lutier David Merchán.

“Desde el primer momento sentí que era especial, por lo pronto era más oscuro que un violín normal, pero fue al tocarlo cuando descubrí un sonido único. Lo tengo desde hace dos años y desde entonces lo he vivido todo con él. Hemos viajado, estudiado, nos hemos ilusionado e incluso fatigado mucho juntos. Ha mejorado muchísimo su sonido y estoy realmente enamorado de mi violín. Nunca me ha fallado. Cada violín es único. Cuando coges un violín, lo sientes y dices «es mío». Hablo de conexión, de algo que resulta mágico.”

“Es mi primer disco y lo considero algo muy íntimo. Grabamos el disco durante unos tres o cuatros días realmente intensos. De la mañana a la noche, y fue duro. Sin embargo fue una experiencia extraordinaria pues disfrutamos mucho, había un ambiente de colaboración y trabajo excepcional, inesperadamente divertido y sin duda, repetiría la experiencia.”

A Jacobo lo acompaña al piano Carlos Apellániz.

Fuente:

Melómanos.com