Hace unos años, en la época de Miguel Induráin, yo era muy aficionado a seguir el Tour de Francia, y recuerdo que contemplaba fascinado cómo el gran Miguelón apabullaba a sus rivales con una superioridad que parecía fruto de unas condiciones sobrehumanas, como de superheroe. Me parecía que una forma física como esa era el modelo de salud y perfección biológica hasta que, en cierto momento, el comentarista y también antiguo ciclista Pedro Delgado, comentó algo que me dejó perplejo, y que venía a decir que un deportista de élite no es más saludable que una persona normal, que su fisiología está forzada para sobrepasar sus límites normales, y que eso no es exactamente estar sano.

Y es que para ser un buen jugador de baloncesto, por ejemplo, hay que ser exageradament alto; para ser halterofílico pequeño, ancho y fuerte; para ser un buen corredor de larga distancia extremadamente ligero y delgado; para nadar a gran nivel, espaldas anchas, pies y manos grandes, para competir en sumo…

Y para ser violinista ¿hay condiciones físicas favorecedoras?

Antes que nada decir que estos días he estado siguiendo la Menuhin Competition, y si una pequeña niña de 12 años puede realizar las diabluras que he podido ver en Youtube hay que decir que los demás no tenemos excusa para, dentro de unos parámetros físicos normales, tocar casi cualquier cosa. Pero para reflexionar sobre esto vamos a examinar al que para muchos es el mejor violinista que ha existido: el diabólico Niccolò Paganini.

De su vida, sus dotes o sus obras no me extenderé porque ya se han difundido ampliamente, de forma morbosa, infinidad de historias y leyendas y en esta misma página ya escribió Amaya Bozal un estupendo artículo a partir de su traducción del libro “Paganini, the demonic virtuoso“.

Me voy a ceñir a su físico, extraño y desconcertante, insectoide, repulsivo y fascinante a partes iguales, y en el cual se ha buscado a menudo alguna explicación a un talento abrumador. 

Nicolo Paganini

En el famoso retrato de Paganini por Delacroix intuimos, en su exgerada postura y morfología, algo extraño.


Un documento importante en esta cuestión es la carta del doctor Francesco Bennati, médico personal del duque de Wellington, y que también trató enfermedades del virtuoso, siendo quien trató sus dolencias durante más tiempo y quien mejor las conocía:

“Paganini era pálido, delgado y de mediana estatura, aun cuando sólo cuenta con 47 años de edad, su delgadez y la falta de dientes le ha ocasionado el hundimiento de la boca y hace que la barbilla, sea más prominente, todo lo cual, le confiere el aspecto de mayor edad que la que tiene. A primera vista, su cabeza es voluminosa y está sostenida por un cuello largo y delgado, por lo cual ofrece una acentuada desproporción con sus delicadas extremidades”.

Su frente

“es alta, ancha y cuadrada, su nariz aquilina, su boca irónica… sus orejas amplias y protuberantes con la cavidad que era profunda del pabellón de la oreja, el pelo negro desgreñado que contrasta con la palidez de su piel… Su pecho es estrecho y redondeado; su lado izquierdo es ligeramente menos amplio que el lado derecho y está ligeramente deprimido en su parte superior. La respiración es igual y fácil, aun cuando el lado derecho se distiende algo más que el izquierdo… Permítaseme hacer notar, la manera como él sujeta y coloca su violín o la posición en la cual a veces pone su brazo, y entonces dígame si hay algún artista que sea capaz de imitarlo. Por ejemplo, quien otro, para producir cierto efectos, podría ser capaz de cruzar sus codos y colocarlos casi uno sobre el otro, delante de su pecho…”

Sus articulaciones

“una disposición natural que facilita prodigiosamente la ejecución: su hombro izquierdo se encuentra en una posición de una pulgada más alta que el otro, lo cual cuando él se pone de pie y sus brazos le cuelgan hace que el derecho parezca más largo que el izquierdo. La extensibilidad de los ligamentos capsulares de ambos hombros, la flojedad o relajamiento de los ligamentos que conectan las muñecas con el antebrazo, los carpos a los metacarpos y a las falanges…”

 

Los hombros de desigual altura parecen una consecuencia lógica de años de elevar el hombro izquierdo durante muchas horas al día para poder sujetar el violín, teniendo en cuenta que Paganini era cuellilargo y en aquella época no se utilizaba aun almohadilla.

Pero son logicamente las manos la parte de su cuerpo que más curiosidad ha despertado siempre. Y es que es la mano, junto con su corteza cerebral lo que nos diferencia de otros animales. Ambas estructuras anatómicas, fuertemente unidas y relacionadas, nos hacen humanos.

La importancia de la mano en la historia y en la vida humana se ve reflejada en el hecho de ser el motivo de una de las primeras obras pictóricas que se conservan.

Pinturas rupestres en la Cueva de las Manos

Para el Profesor Renzo Mantero, pionero en la cirugía de la mano, “la mano es la expresión externa del cerebro”.

El neurólogo Wilder Penfield (1891-1976) mapeó el cuerpo en el cerebro humano, tanto en su función sensorial como motora. Descubrió que el sentido de la mano es en el cerebro equivalente a casi la mitad de la de todo el resto del cuerpo y, si analizamos teniendo en cuenta el tamaño de su mapa motor, esta aún más representado.

La representación tridimensional visual de este mapa cerebral llamada “homunculus”, en el que cada parte y sentido humanos se representa proporcionalmente, conforma un ser caracterizado principalmente por sus manos.

representación del homunculus

Pero prosigamos con Paganini. En una carta de un conocido suyo, Matteo Niccolò de Ghetaldi, se narra:

Por la noche, mostró su mano izquierda al doctor Martecchini que llegó el día anterior de Trieste. Es extraordinario lo que puede hacer con su mano. Literalmente dobla los dedos… puede estirar el pulgar hacia la izquierda para envolverlo alrededor de su dedo meñique… mueve la mano como si sus articulaciones no tuvieran músculos ni huesos. Cuando el doctor Martecchini le dijo que su facilidad para el movimiento no era otra cosa que la consecuencia de su insensata persistencia en los ejercicios, Paganini le contradijo con vehemencia. Desde la infancia, Paganini practica 7 horas al día, aunque su vanidad no le permite admitirlo.

No obstante, el doctor Martecchini mantuvo su declaración y en ese momento Paganini se enfureció y comenzó a gritar, y lo acusó de ser un timador y un ladrón”.

Niccolo Paganini

Este daguerrotipo es falso. No se conoce ninguna fotografía real de Paganini.


De nuevo su médico Francesco Bennati, escribe:

Su mano no era más grande de lo normal, pero duplicaba su anchura gracias a la elasticidad de todas las estructuras dentro de ella …

Para convertirse en Paganini, el genio musical no era suficiente: se necesita una estructura física que la sostenga, un cofre estrecho y la extensibilidad que puede proporcionar a los ligamentos las articulaciones en movimiento…”.

Molde de la mano de Paganini

Molde de la mano de Paganini


Estas y muchas otras observaciones sobre el físico de nuestro genial violinista han llevado a unos cuantos estudiosos a considerar que Paganini podría haber padecido algún tipo de síndrome o dolencia que lo llevaban a mostrar tantos síntomas extraños y características físicas atípicas.

Los hallazgos mencionados suministran una base para sustentar la tesis de que el ilustre artista padecía de un trastorno hereditario del tejido conectivo que se caracteriza por ciertas anormalidades, especialmente por la hipermovilidad articular, así como por la flojedad que poseía este tejido en el artista.

Pero además de la intervención del factor patológico mencionado, no es menos cierto, también que el entrenamiento a que se somete cualquier violinista contribuye al desarrollo de ciertas características somáticas que propenden a mejorar la ejecución. En Paganini se produjo una asociación de su extraordinaria capacidad innata como músico con un trastorno hereditario del tejido conectivo, a lo cual se le sumaron las habilidades adquiridas por el entrenamiento.

Niccoló Paganini- Virtuosismo y patología

Dr. Juan José Puigbó

Son dos las patologías que mejor parecen encajar en los síntomas descritos: el síndrome de Ehlers-Danlos (SED) o bien el síndrome de Marfan.

El síndrome de Ehlers-Danlos

el síndrome de paganini

Síntomas del síndrome Ehler-Danlos – Shutterstock


El síndrome de Ehlers-Danlos (EDS, en inglés) es un grupo de trastornos hereditarios caracterizado por articulaciones extremadamente sueltas o laxas, piel muy elástica (hiperelástica) en la que se forman hematomas con gran facilidad y vasos sanguíneos que se dañan fácilmente.

La posibilidad de que Paganini sufriera esta dolencia es planteada por el Dr. Juan José Puigbó en su tesis “Niccoló Paganini, Virtuosismo y patología”, concretamente el síndrome Ehler-Danlos de tipo III o tipo VIII.

…considerar que se trataba del Tipo III o Tipo hipermóvil, en el cual la hiperestensibilidad dérmica es discreta y la cicatrización es mínima. Otra posibilidad a considerar es que se tratase del Tipo VIII o periodóntico, debido a la pérdida temprana de la dentadura y que cursa con manifestaciones cardinales de grado moderado. La pérdida dental según otros autores podría ser imputable a estomatitis mercurial en relación con el tratamiento para la sífilis.

Otros eventos que sufrió pueden imputarse al SED como son la lesión digital que padeció (lujación, inestabilidad articular), la hemoptisis (diátesis hemorrágica), la pérdida de la visión (por fragilidad de la esclerótica y de la retina).

Niccoló Paganini- Virtuosismo y patología

Dr. Juan José Puigbó

El síndrome de Marfan

Posible síndrome de Ehlers-Danlos

Hiperlaxitud articular – Foto de Guillermo Solanas – 


La hipótesis de que Paganini padeciera el Síndrome de Marzan es defendida por muchos investigadores, entre ellos, Alessio Pedrazzini, Alessandra Martelli y Silvio Tocco en su trabajo “Niccolò Paganini: the hands of a genius”

Además de los síntomas coincidentes con el síndrome de Ehler-Danlos, estos investigadores refieren:

Informamos del caso de uno de nuestros pacientes que es un músico conocido que padece Síndrome de Marfan, comparando su mano con el molde de la autopsia de la mano derecha de Paganini. La hiperlaxitud es evidente en el signo del caminante (walker sign), que, inconscientemente, fue notificado sobre Paganini por el Dr. Martecchini en su carta de 1831.

Análisis de ADN de su cuerpo momificado podrían de una vez por todas responder a la hipótesis inicialmente argumentada por Schonenfeld y Mantero e investigado más a fondo por los autores actuales.

Desafortunadamente, el heredero de Paganini aún no ha alcanzado un acuerdo para hacer esto posible en la actualidad.

las manos de paganini con marfan

A la izquierda, el signo del caminante, síntoma de Marfan –  A la derecha, una mano de un paciente con Marfan, muy semejante al molde de la mano de Paganini que se conserva (ver arriba) – Niccolo Paganini, the Hands of a Genius


Muchas hipótesis pero ninguna certeza aún.

Es obvio que nos fascina la figura de Paganini, la real y la fantástica, la diabólica y la genial; la del malvado que tocaba con una cuerda hecha de tripa humana, y la del niño obligado a tocar horas y horas por sus padres sin descanso; la del hombre espectáculo que atraía irresistiblemente a las mujeres y la del ser deforme, enfermo, sin dientes,  envejecido ¿Por qué no pensar que tenía algún tipo de superpoder, como el hombre elástico de los cuatro fantásticos?

Otras teorías hablan de “técnicas secretas” basándose en las enigmáticas frases que a Paganini le gustaba soltar asiduamente para alimentar su leyenda. Siempre prefirió que se le considerara un genio diabólico con grandes misterios a alguien que simplemente ha trabajado muchísimo su arte ¿pero cómo estar seguro ya de cuáles fueron los factores que conformaron a un intérprete tan extraordinario?

Todo son especulaciones, hipótesis a partir de citas de quienes le vieron: “su mano parece un pañuelo atado al extremo de un bastón” o “su muñeca es tan floja que puede moverla y torcerla en todas las direcciones”, si nos hacen pensar que hay algo extraño ahí.

Y lo extraño nunca deja de fascinarnos.