Hace tiempo que la fibra de carbono se viene utilizando en la fabricación de instrumentos con resultados y precios irregulares. Y eso a pesar de que el mundo de la construcción de violines es tremendamente conservador. Se supone que el mejor violín posible se construyó hace siglos y desde entonces casi todo el mundo busca acercarse a ese ideal procurando utilizar las mismas técnicas, materiales y métodos que entonces. Pero no todo el mundo piensa de la misma manera, y hay constructores inquietos que quieren utilizar los avances tecnológicos y los nuevos materiales para aprovechar sus ventajas.

Así que, cuando vi que en Madrid hay un constructor de violines de fibra de carbono, me puse en contacto con él para pedirle que me dejara probar uno de sus instrumentos y ver de primera mano sus características, petición a la que amablemente accedió.

Qarbonia es la marca de estos instrumentos, fabricados con los materiales más avanzados, pero con la filosofía y metodología personalizada y artesanal del luthier de siempre.

Rodrigo Lasso, con una experiencia de años en la venta de instrumentos de cuerda, es la persona que dirige este proyecto innovador en España, y con el que charlé un rato antes de llevarme a casa uno de sus “pequeñines” para probarlo a fondo. Os transcribo parte de la conversación que mantuvimos:

¿Qué características formales, aparte de los materiales, distinguen a vuestro violín de los tradicionales de madera?

– Sus medidas y proporciones fundamentales son las standard de cualquier violín normal, pero se prescinden de esquinas, de las curvas interiores, que no tienen sentido ya que obedecen a necesidades por las características, resistencias, etc., de la madera, circunstancia que a nosotros no nos afecta. Eso le da un aspecto como más pequeño que choca al principio, pero al probarlo te das cuenta de que las medidas son iguales. Aparte de eso, el cuerpo del violín se compone de sólo dos piezas: la tapa por un lado y el resto del cuerpo, incluyendo el mastil, por otro.

El puente parece lo único de madera.

– Efectivamente, el puente es de madera, y el alma también, porque son piezas que pueden necesitar un cambio, una personalización o un arreglo del luthier, y es muy difícil encontrar alguno con experiencia en piezas como estas de otros materiales. Así es más fácil cambiar el puente al gusto del intérprete.

– Además, hemos comprobado que en estos instrumentos la posición del alma es aún más determinante para las características del sonido, cambiando éste radicalmente con sólo trasladarlo un poco de lugar. Y es remarcable el hecho de que, para obtener el mejor sonido, conviene ubicar el alma en un lugar ligeramente distinto a donde se suele colocar en los violines de madera. Hemos realizado infinidad de pruebas al respecto, y tenemos ya localizado el punto óptimo para un sonido claro y homogéneo en agudos y graves.

Un luthier tradicional tendría problemas seguramente para colocarlo en su sitio entonces…

– Probablemente se encontraría algo desorientado, sí…

qarboniaVeo que el diapasón también es de fibra de carbono.

– Exactamente, es otra pieza de fibra de carbono, así como la barbada, que es de la empresa Herdin, un fabricante que hace unas barbadas de muy buena calidad.

¿Y la barra armónica?

– Por supuesto, la barra armónica es una pieza diseñada y fabricada específicamente para este tipo de violín, de un material compuesto que de momento entra dentro del secreto profesional…

Clavijas wittnerClaro, ¿Cómo solucionáis el clavijero, si no puede ser de madera?

– Para las clavijas utilizamos las clavijas de afinación precisa Wittner, que poseen un sistema especial que no provocan fricción con el clavijero. Tienen un sistema de autoinhibición que hace que no se destensen, son muy precisas y suaves, y evitan el uso de afinadores que podrían producir tensiones indeseadas en las cuerdas.

– Respecto al cordal, es un modelo ultraligero también de Wittner, de composite, y muy resistente.

¿Y cómo es el proceso de fabricación? porque no tengo ni idea de cómo se trabaja la fibra de carbono.

– Hay muchas formas de utilizar la fibra de carbono, dependiendo de lo que se fabrique. Para objetos como aviones u otros objetos de ingeniería se desarrollan procesos industriales especiales que confieren una gran resistencia al material. Pero para instrumentos esos procesos no son necesarios e incluso son perjudiciales para la acústica. Mira, la fibra de carbono comprada en bruto es esto: (me enseña una especie de tela gruesa, cuyos tejidos están hechos a su vez de hilos más finos).

Fibra de carbono en bruto

– Hay distintos grosores y calidades y trenzados. Hay un tipo de fibra de carbono llamada pre-peg, que viene ya con una resina preimpregnada que evita que se deshilache. Pero nosotros la desechamos porque no funciona tan bien como la fibra comprada en bruto.

Vale, pero ¿cómo es el proceso desde que recibís esta tela hasta este violín?

–  Cuando se trabaja con fibra de carbono, siempre se parte de moldes preestablecidos, diseñados a partir de un programa informático de 3D, como Autocad. Sobre ese molde se trabaja con la materia prima que es la fibra de carbono, y con diferentes resinas que en contacto con la fibra reaccionan químicamente. Tras obtener las piezas “en bruto”, igual que las de un violín tradicional, toca trabajar en ellas de forma completamente artesanal. Hay que calibrar todos los espesores por diferentes zonas del instrumento para conseguir el mejor rendimiento acústico, comprobar que la tapa vibra adecuadamente, trabajar sobre la barra armónica y realizar el montaje de todas las piezas de forma precisa, algunas con adhesivos especiales diferentes a los que se utilizan en la madera.

– Y en todo este trabajo hay muchos factores determinantes que hay que cuidar: temperaturas ambientales precisas y estables, control de mezclas de los químicos, un laborioso proceso de lijado a mano y posterior barnizado, etc…

Pero este material parece muy fino en comparación con la madera ¿no?

– Efectivamente, el espesor de la fibra es muy diferente al de los violines tradicionales, ya que la fibra de carbono es un material con mayor densidad y para vibrar de forma adecuada necesita mucho menos espesor. Hemos realizado muchas pruebas sobre este aspecto, porque lo que se busca es la mayor proyección de sonido combinada al mismo tiempo con la mayor resistencia.

Y el barniz…

– ¡Por supuesto! el barniz es importantísimo. Hemos experimentado mucho hasta dar con el barniz adecuado. Es una mezcla de diversos componentes químicos, entre ellos el poliuretano. Pero no tiene nada que ver con el de un violín tradicional, como es natural.

¿Y qué ventajas ofrece respecto a la madera?

– Mientras que los instrumentos fabricados en madera requieren un ajuste y un control constantes, los violines Qarbonia utilizan la fibra de carbono en combinación con otros materiales y son garantía de estabilidad ante las condiciones ambientales y los cambios de temperatura y humedad, ofreciendo una total resistencia y durabilidad. Pueden sobrevivir más fácilmente en viajes, a caídas, golpes y accidentes que un instrumento tradicional no soportaría, presentando las mismas condiciones que un instrumento tradicional.

¿A qué tipo de violinista crees que le encajaría un Qarbonia?

– La idea es proporcionar un violín todoterreno, y sobre todo pensando en en intérpretes que miran más allá del espectro clásico: fiddlers, violinistas de jazz, pop, rock y otras alternativas musicales en torno al violín, por eso hemos intentado crear un instrumento con una voz peculiar, alejandonos de tratar de imitar a la madera, cosa que no tendría sentido.

Parece un instrumento muy apropiado para tocar enchufado.

– Efectivamente, tuvimos muy en cuenta que el sonido funcionara también al utilizar amplificación y por eso nosotros ofrecemos varias opciones: una de ellas es usar un puente LR Baggs, ya montado en el violín, que se puede enchufar a un previo, y otros modelos de pastilla elegidos específicamente para el.

Por último, ¿qué cuerdas le habéis elegido?

– Respecto a las cuerdas, un tema del que yo soy muy “friki”, hemos elegido las Peter Infeld, de Thomastik, Son cuerdas sintéticas, como Pirazzi u Obligato, que en combinación con la fibra dan un resultado muy interesante. Son muy potentes proyectan mucho y tienen una digitación muy fácil.

– Por supuesto hemos probado muchísimas y estas son las que más nos han gustado, pero cada intérprete puede buscar su sonido ideal con otras cuerdas.

Muchas gracias Rodrigo, por tus respuestas y por dejarme probar uno de tus pequeñines durante una semana.

Gracias a ti por tu interés.

Y hasta aquí la entrevista. De los días de prueba que lo estuve tocando os cuento mis impresiones:

Lo primero que llama la atención, aparte del color, es que es cierto que parece más pequeño, aunque no es más que la sensación que produce sus formas estilizadas y la ausencia de voluta, ya que las medidas básicas son las mismas que un violín 4/4. Su superficie es muy interesante, ya que produce un efecto irisado muy peculiar, casi como si tuviera un relieve de holograma. Su color oscuro y su estilizado y contemporáneo diseño le pueden dar un toque “cool” a las actuaciones.

Al colocarlo en el hombro noté otra diferencia: el violín es muy ligero y cómodo; aunque la diferencia de peso no es grandísima (unos 50 gramos respeto a mi violín tradicional), el hecho de que carezca de voluta lleva el centro de gravedad mucho más cerca del hombro, con lo que se sujeta con gran facilidad con muy poco trabajo del brazo izquierdo. Eso permite tocar y practicar durante mucho tiempo sin cansarse tanto. Realmente me gustó mucho practicar con él, porque costaba menor esfuerzo manejarlo. Por eso, en mi opinión, puede ser una buena elección como segundo violín, de estudio: tocamos mucho tiempo sin cansarnos y posee una gran estabilidad de afinación.

Ese es otro factor a su favor: es muy estable en cualquier circunstancia de temperatura y humedad, por lo que podemos llevárnoslo sin aprensión de acá para allá sin miedo a los posibles tensiones que pueden sufrir los violines tradicionales de madera. Además, es mucho más resistente a golpes, arañazos, etc. Si te vas de bolos por rincones perdidos del mundo sufrirás menos temiendo un accidente. Sobre todo si eres una especie de Ara Malikian saltarín que pone en peligro constantemente su instrumento.

La respuesta parece bastante buena, ningún problema para los virtuosos que tocan a toda pastilla.

Las clavijas Wittner son muy cómodas, aunque me costó un tiempo dejar de llevar la mano al afinador de Mi. Realmente sorprende que giren tan suavemente, a veces parece como si no estuviera tensando realmente.

Respecto al sonido, es, como cabía esperar, diferente al de un violín tradicional, en el sentido de que tiene un matiz peculiar difícil de definir (escuchad las pruebas de audio al final del artículo) que lo hace sonar algo menos natural comparando con los instrumentos que estamos acostumbrados a escuchar. Realmente esta es una cuestión muy personal, así que, hay que probarlo para decidir si es nuestro violín. Si habéis leído el artículo que escribí, Los extraños parientes del violín, recordaréis algunos (como el stroh), con sonido realmente peculiares. En este caso yo me imagino como si en una familia de violines, tuvieran un bisabuelo que tuvo una aventura con un saxo,  y a partir de ahí se transmite ese timbre peculiar. Ese sonido especial le puede ir bien si tocas géneros no clásicos como jazz, blues, y aun más si tocas cosas más heavys y ruidosas. Como sugiere Rodrigo en la entrevista, si vas a electrificar tu violín, la opción de uno de fibra de carbono es adecuada.

Otros aspectos a tener en cuenta:

Está por supuesto el hecho de que yo no iría a hacer un examen en el Conservatorio con él, si no quieres que el profesor te coja manía de inmediato. No es un instrumento para sustituir al violín tradicional, sino para complementarlo. En el mismo sentido, no se ha concebido pensando en el repertorio clásico, a menos que seas un revolucionario que quiere tocar versiones heterodoxas.

Por otro lado, y teniendo en cuenta la peculiaridad de su sonido, es difícil compararlo con instrumentos de madera; personalmente me pareció que la proyección de sonido era menor, pero producía unos armónicos muy ricos, y en cuanto al nivel de volumen, no tiene nada que envidiarle, incluso en posiciones altas. Siempre teniendo en cuenta que el de madera con el que lo estuve comprando dobla en precio al Qarbonia. El sonido del carbono parecía como más cerrado u oscuro (sobre todo en graves).

Un inconveniente que tuve, aunque no de mucha importancia, es que mi almohadilla Mach One no se adapta a estos instrumentos, ya que carecen de rebordes de las esquinas, en los que se ajusta dicha almohadilla. En todo caso, cambiándole las patillas, por unas Wolf o unas Kun, por ejemplo, se soluciona fácilmente el problema.

En conclusión

Un instrumento diferente, atractivo, sofisticado y divertido, no para exquisitos de repertorio clásico pero sí para violinistas aventureros, alternativos, que quieren un segundo violín de estudio o buscan probar otros estilos.

Si sólo puedes tener un instrumento que te sirva para todo, incluyendo clásico seguramente te convendrá un violín de madera, pero si ya tienes uno o varios tradicionales y quieres experimentar tocar música popular o alternativa, el carbono te puede hacer pasar buenos ratos.

Y por supuesto, recomendar que preferiblemente no compréis por internet un instrumento de cierto precio (digamos de 600€ en adelante) sin haberlo probado antes personalmente. El Qarbonia puede ser testado previamente a la compra sin compromiso, y  ya se puede encontrar en tiendas físicas (podéis contactar en la propia web de Qarbonia para más información).

Ejemplos de sonido

Os dejo unas cuantas grabaciones a cargo del ecléctico violinista Raúl Márquez.

Una grabación con la pastilla RG Baggs

Comentar también que, en esa búsqueda de innovación, Qarbonia produce también una versión “Baritone“, afinado una octava más bajo, para aquellos que tienen “envidia del cello”.

Os dejo otra muestra de su sonido:

 

Enlaces:

Qarbonia