Encontré el estudio para violín de Elgar del que voy a hablar durante una de esas mañanas desocupadas que uno pasa ojeando medio aburrido las redes sociales, y en la que me llamó la atención una publicación que decía: “Este pequeño estudio de violín plantea muchas preguntas. Me encantaría conocer la historia”.

Y es que es más interesante formular una buena incógnita que vociferar una certeza.

¿Pero qué tiene de especial?

Lo primero que llama la atención es la anotación en la esquina superior izquierda:

Los acordes no se deben tocar: los dedos primero, segundo y cuarto deben permanecer fijos en la posición indicada.

Eso quiere decir que es un ejercicio para mantener todos los dedos fijos del acorde menos el tercero, que debe ir cambiando de cuerda mientras mantenemos la posición. Un ejercicio exigente, teniendo en cuenta que algunos de los acordes fijos incluyen intervalos de novena que hay que mantener durante varios compases.

Pero otra anotación nos llama la atención en la esquina inferior derecha:

Compuesto para mi uso personal en 1877. Copia para el Sr. Jascha Heifetz, a petición suya, en noviembre de 1920.

De modo que Elgar escribió este ejercicio para su propia práctica a los 20 años. Y es que el famoso compositor inglés fue en sus inicios un prometedor estudiante de violín, a quien su prestigioso profesor Adolf Pollitzer esperaba convertirlo en uno de los grandes solistas de su país. Pero Elgar era también un hombre de exquisito criterio y gusto, de modo que, tras asistir a actuaciones de otros grandes solistas de su tiempo, abandonó decepcionado la idea de dedicarse profesionalmente al instrumento, por considerar que no alcanzaría el nivel al que aspiraba.

Así que el mundo perdió a un buen violinista pero ganó un grandísimo compositor. Un compositor que conoció perfectamente las posibilidades de nuestro instrumento, como es patente en su Concierto para Violín, en La Capricieuse, o en Salut d’Amour, la popular pieza que compuso para su prometida en 1988.

¿Pero por qué le dedicó a Heifetz este estudio de juventud? ¿necesitaba el prodigio ejercitar su tercer dedo? He encontrado alguna explicación en la web del violinista Peter Sheppard Skaerved:

En 1920 Heifetz debutó con 19 años en las islas británicas. El impacto que causó queda reflejado en la nota que el dramaturgo George Bernard Shaw le dedicó con este engolado elogio:

Mi querido Heifetz:

Tu recital nos ha llenado de ansiedad a mi esposa y a mí. Si provocas a un Dios envidioso tocando con tal perfección sobrehumana, morirás joven. Te recomiendo encarecidamente que toques algo mal todas las noches antes de acostarte, en lugar de decir tus oraciones. Ningún mortal debería presumir de tocar tan impecablemente.

Por el mismo evento, Elgar escribió:

Recientemente, una visita del Sr. Jascha Heifetz despertó en mí un agradable recuerdo de los días de trabajo duro con el violín. Entre los muchos temas de los que hablamos, la técnica del violín ocupó un lugar destacado. En 1877 yo era alumno de Adolph Politzer y tenía aproximadamente la misma edad que ahora mi distinguido visitante; al mirar a través de una multitud de bosquejos realizados en por aquellos años e incluso antes, el Sr. Heifetz se interesó por el ejercicio que acompaña a esta nota. Debe recordarse que la Escuela de técnica de violín de Schradieck aún no había aparecido; los ejercicios de Baillot, como se usan en el Conservatorio de París era el método de uso general. A los estudiantes se les animaba a concebir pasajes para sus necesidades especiales. Politzer, uno de los mejores profesores e intérpretes que hemos tenido, se divirtió mucho con los estudios y ejercicios de mi invención; digo invención, porque el esfuerzo que implica “hacer” estas cosas difícilmente puede llamarse composición. Cinco de los estudios (dedicados a Politzer), principalmente del ‘apoyo’ del arco, aunque no se descuida la mano izquierda, fueron publicados mucho después de su inicio, pero este ejercicio meramente técnico nunca había aparecido; con la esperanza de que un poco de lo que interesaba a un gran maestro del pasado, y a un muy gran artista de las fuerzas presentes, interese a otros violinistas, el “ejercicio para el tercer dedo” aparece ahora en facsímil a petición del editor de esta página.

De modo que fue un encuentro personal entre el virtuoso lituano durante su primera estancia en las islas y el ya famoso compositor inglés, en el que probablemente el segundo le enseñaría al primero sus ejercicios y composiciones para violín y por el que Heifetz se habría interesado lo que desencadenó que este peculiar ejercicio saliera a la luz. Puede que incluso intercambiaran, violines en mano, explicaciones técnicas sobre detalles de cómo cada uno de ellos fue enseñado (ya sabéis, la escuela francesa en la que se formó Elgar, frente a la escuela rusa que Leopold Auer había inculcado en Heifetz.

Este es el estudio, nada fácil por cierto:

IMSLP558223-PMLP899586-Elgar_Exercise_for_the_3rd_finger

Y aquí tenéis los cinco “Estudios Característicos”, que menciona Elgar en su nota, ejercicios que recuerdan a los caprichos de Paganini, tanto en el aspecto técnico como por su complejidad.

IMSLP558188-PMLP899484-Elgar_Etudes_Caracteristiques

Fuentes:

Elgar and Heifetz’s Third Finger

IMSLP.ORG