Mirecourt, Francia, es famosa por dos cosas: sus artesanías de encaje y su tradición en la construcción de violines y arcos para instrumentos de cuerda frotada. Esto es así hoy en día y lo era también el siglo XVII.

Pero aunque que la historia de Mirecourt y la exquisitez y calidad de sus arcos nos evocan el refinamiento en las cortes de la realeza europea y de su aristocracia, esconde  también una pequeña controversia transtlántica. Y esto es así por culpa del preciado material que constituye la base para construir los mejores arcos de los grandes arqueteros de Mirecourt (“archetiers“, como se les llama también). Esa materia preciosa es la madera de Pernambuco.

Cuando los conquistadores portugueses exploraron Brasil a comienzos del siglo XVI, en seguida descubrieron el valor de ciertos árboles de singular belleza que abundaban en la zona costera. Estas maderas preciosas indujeron el comercio con la creación de una industria maderera que comenzó a derribar aquellos árboles para enviarlos al Viejo Mundo.

En 1555, el almirante francés Nicolás Durand de Villegaignon percibió el potencial económico de esas riquezas naturales e intentó establecer una colonia allí para, entre otros negocios, recolectar la madera para su exportación. Aunque este proyecto en concreto no llegó a tener éxito, abrió la vía al comercio intenso de maderas entre Brasil y Europa. Fue un periodo histórico que coincidió en el tiempo con el auge y proliferación de los expertos archetiers y luthiers de Mirecourt. La ciudad era un centro en expansión, con una gran actividad, tanto mercantil como cultural.

La manufactura de los instrumentos musicales, con una materia primas de altísima calidad,  comenzó a diversificarse y a enriquecerse, de tal modo que en el siglo XVIII los archetiers perfeccionaron al máximo su oficio de constructores de arcos. La historia de Mirecourt incluye alguno de los más famosos arqueteros de la época: Dominique Peccatte, Emile Françoix Ouchard, Eugene Sartory y Victor Fétique. Además, el luthier y marchante Jean Baptiste Vuillaume se convirtió en uno de los más famosos y productivos fabricantes de violines de Mirecourt y de todo Occidente.

 

El descubrimiento del Nuevo Mundo indujo un próspero comercio de madera de Pernambuco brasileño a la ciudad de Mirecourt, estableciendo un legado de magníficos arqueteros.

Algunos de los arcos de estos antiguos archetiers siguen en uso hoy en día, alcanzando precios de hasta 40.000€ en subastas, y todavía se encuentran a la venta en tiendas de violines de alta gama.

Además, el suministro de madera de Pernambuco está muy restringido en la actualidad, a consecuencia de una sobreexplotación que ha llevado a los árboles a una situación muy precaria que ha obligado a los modernos arqueteros a utilizar otras maderas, de tal forma que los arcos de los maestros antiguos se revalorizan aún más, dada su escasez.

Hoy, casi 500 años después, Mirecourt sigue siendo la capital mundial de la arquetería. Aunque las dos grandes guerras mundiales crearon grandes dificultades (18 talleres, que en 1925 empleaban a casi 700 trabajadores, habían desaparecido en 1945) la creación de una École Nationale de Lutherie en la década de los 70 revivió las profesiones de arqueteros, luthieres de violines e incluso de guitarras y mandolinas.

La ciudad tiene hoy en día un museo dedicado exclusivamente a la historia de la luthería (Musée de la lutherie et de la archèterie française), y lo que se conoce como la Escuela Nacional de Violín, bautizada con el nombre de Jean-Baptiste Vuillaume (Ecole Nationale de Lutherie Lycee Jean-Baptiste Vuillaume). Los estudiantes de esta escuela pasan cinco años aprendiendo la técnica de la construcción de violines y graduándose como luthieres, marchantes de arte y otros títulos profesionales. La escuela está orientada a la construcción de violines, violas, chelos, contrabajos y violas antiguas.

Al igual que en Mirecourt la artesanía del fino encaje siempre será apreciada (y utilizada por más personas que los aristócratas, también serán valorados en la más alta estima los arcos e instrumentos de cuerda que esta encantadora ciudad francesa continúa produciendo.