A lo largo de la vida de estudiante, sentimos de cuando en cuando y según avanzamos en nuestra forma de tocar, que nuestro violín se nos queda escaso de calidad para la música que, notamos, podríamos hacer. Es el momento en que empezamos a ver nuestro flamante violín que tanto nos fascinaba con una visión algo más desconfiada, e incluso empezamos a pensar que la culpa de no avanzar todo lo que quisiéramos es del violín.

Para comprobar si es cierto que podemos tocar mejor con otro instrumento no nos queda otra que probar un buen violín que nos dejen, o comprarlo directamente.

Pero también hay otra posibilidad, y es intentar mejorar lo más posible nuestro instrumento.

A menudo los violines de estudiante principiante o intermedio los recibimos tal y como salen de su lugar de fabricación. Son violines básicos, que suenan mejor o peor, pero a los que no se les puede pedir un gran sonido. Muchas veces poseen defectos como clavijas que no giran bien, cuerdas de baja calidad, alma colocada sin ajustar perfectamente, puentes bastos, sin tratar y no correctamente colocados, cejuelas excesivamente altas que nos dificultan la práctica, etc.

Todos estos consejos son útiles para cualquier violín pero sobre todo si es un violín que, aunque sea de principiante, está construido correctamente con materiales adecuados, aunque no sean de la mejor calidad.

Mejoras que puedes realizar tú:

Cuerdas nuevas.

Las cuerdas de un violín de principiante no suelen ser de una marca reconocida. Posiblemente sean metálicas y den un sonido un poco chillón aunque se desafinen menos. Cuando las cuerdas se hayan gastado un poco (eso depende de lo que toques, aunque notarás que van perdiendo brillo y potencia) cámbialas por unas de mejor calidad, como un juego de Pirastro Tonica, o unas Thomastik Dominant.  Son cuerdas sintéticas de uso general que seguramente mejorará el sonido. Si esas ya las has catado puedes seguir probando, lánzate a por unas Obligato o la Evah Pirazzi. Este es probablemente una de las mejoras más sencillas y que más pueden mejorar tu instrumento, así que no dejes de probarlo. Además, hay cuerdas de diferentes tensiones, más suaves, medias (las normales) o duras. Estas últimas dan más volumen pero requieren más esfuerzo y producen mayor tensión en el violín. Si tu instrumento es especialmente ligero o antiguo puede que no aguante bien unas cuerdas de tensión alta.

Mejora las clavijas.

Puedes hacer dos cosas: tratar las clavijas con algún material que haga que se deslicen mejor y dejen de destensarse abruptamente, o comprar unas clavijas nuevas de mejor calidad y cambiarlas (es algo que debe hacer un luthier). Hay productos para clavijas que mejoran su funcionamiento, aunque también se pueden emplear remedios caseros como frotarlas con grafito o incluso tiza. En casos desesperados en los que el problema es de los agujeros, y también sería necesaria la intervención del luthier. Pero ten en cuenta que cualquier intervención de este tipo es cara, así que tienes que calibrar si compensa para el valor del instrumento.

Tensores.

Los tensores son necesarios al principio para aprender a afinar, y más con violines que tienen clavijas rebeldes. Los profesionales no suelen usarlos porque todo accesorio que se añada al violín repercute en el sonido. En un violín de estudiante eso no se va a notar apenas pero, si tu cordal no tiene los tensores incorporados, puede ser una buena idea cambiar el cordal por uno que los tenga, en lugar de comprar los tensores aparte.

Cuida y limpia tu instrumento.

Si tienes el violín sucio y pegajoso de la resina acumulada, con las cuerdas sin limpiar, con bolas de polvo en el interior, etc… todo eso terminará afectando al sonido. Intenta cuidarlo y limpiarlo cada vez que toques (te recomiendo que leas “Limpieza del violín” y “Cómo mantener el violín“).

Mejoras que puedes realizar tú, si eres valiente.

Rebaja la cejilla.

La altura de la cejilla en violines de principiante a veces está demasiado alta. Esto hace que cueste más tocar cómodamente. Puedes lijarla un poco cuidadosa y suavemente, para que no haya que apretar tanto las cuerdas. Lo ideal sería que tuvieras un violín de nivel medio o alto, ya ajustado, que te sirviera de guía.

De todos modos, para hacer esto debes quitar las cuerdas, así que ten cuidado para evitar que la falta de tensión en el violín y algún posible golpe, haga que el alma se caiga. También vigila que no hagas desaparecer las muescas que sirven de guía a las cuerdas.

Ajustes a realizar por un luthier.

Un buen artesano te puede mejorar mucho el instrumento. Sin embargo, a menos que sea pariente o amigo, te cobrará un buen dinero, así que si tu violín es uno de fábrica barato, no te va a merecer la pena. Pero si está fabricado con materiales adecuados, y montado correctamente, aun puede dar más de sí.

Cambiar y/o ajustar el puente.

Cambiar y ajustar el puente de tu violín puede mejorarlo mucho. Todo puente debe estar ajustado específicamente para un violín. Se suelen vender puentes, que son relativamente baratos, pero el meollo de la cuestión es ajustarlo al violín determinado, lo cual requiere experiencia. Los violines de estudiante suelen tener puentes genéricos que encajan más o menos, pero se puede mejorar de muchas maneras: se puede comprar un puente nuevo, pero estos puentes no están “preparados”. ¿Qué significa esto? que la altura del puente puede variar en función de la altura del mastil, y que la curvatura que tienen no es la misma por el lado de las cuerdas graves que por el de las cuerdas agudas, siendo más bajo por esta últimas. Además, las patas deben adaptarse perfectamente a la curvatura de la tapa del violín, que es diferente en cada instrumento, los hay más o menos curvos. Puedes comprar también un puente “preparado”, pero esta preparación será siempre aproximada y adecuada a un tipo de violín “genérico”, no estará totalmente optimizada a tu propio violín. La curva del puente suele ser muy parecida a la que tiene el diapasón.

También se debe ajustar lo mejor posible la colocación del puente (a la altura de las muescas de las efes) para optimizar el sonido.

El cambio de puente es algo que antes o después suele haber que hacer ya que las muescas que guían las cuerdas van profundizándose, apagando el sonido. Lo ideal es que las ranuras permitan que dos tercios del grosor de la cuerda sobresalgan del puente. Además, la presión de las cuerdas también hace que el puente se vaya hundiendo poco a poco, así que el cambio de puente es algo necesario antes o después.

Ajustar el alma.

Esto sí que requiere la intervención de un luthier experimentado. Es increíble pero mover un alma de sitio 1 milímetro hace que cambie mucho el sonido. Esto se nota con violines de calidad, pero también puede ayudar a violines de estudiante decentes. Si vamos tocando cuerda a cuerda podemos deducir (mejor dicho, puede alguien que sepa) hacia dónde conviene mover el alma.

Si empiezas a estar insatisfecho con el sonido de tu violín, puedes ir a visitar a un luthier para que te enseñe violines, pero también puedes llevarle el tuyo y pedirle presupuesto para una buena “puesta a punto”. No sólo mejorará su sonido, sino también su cotización.