Hay algo maravilloso y a la vez inquietante en la forma en que Spotify selecciona y recomienda música especialmente para nosotros; la, para mí, imprescindible lista “Descubrimiento semanal” no es que acierte siempre de pleno pero suele consstruir un panorama musical sorprendentemente acorde a mi sensibilidad, con lo que tiendo a disfrutar últimamente. Esto tiene muchas ventajas, pero también algunos inconvenientes, y es que terminamos escuchando lo ya conocido, sin dejar mucho espacio a lo diferente o a que podamos abrirnos a otros tipos de música que nos descubran alguna sorpresa, y nuestro gusto se enriquezca.

Escucho a menudo Spotify mientras trabajo con el ordenador, con la música en un apacible segundo plano, en una actitud que yo mismo critico en los demás: la música no debería estar ahí “de fondo”: si amamos la música, cuando esta sucede, se merece toda nuestra atención. Pero me justifico pensando que sólo lo haga cuando el trabajo es lo suficientemente mecánico como para sustraerle parte de mi atención, de manera que puedo dividirme en modo multitarea. Sin embargo a veces algunos sonidos me hacen pararme a escuchar más detenidamente.

Es lo que me ocurrió con una preciosa combinación de sonidos y un estilo de música difuso, en algún lugar entre el lamento irlandés y la raga india, unos sonidos que me embelesaron desde los primeros compases, y especialmente en el instante en que entró el dulce sonido del sarangui, un antecesor y pariente del violín que no había escuchado y que, con su semejanza a la voz humana, me ha cautivado totalmente.

El sarangui (o sarangi) es una especie de modelo arcaico de violín -con su nacimiento estimado en 5.000 años antes de Cristo bien podría ser el padre de todos los instrumentos de cuerda- que, al igual que otros instrumentos de su familia en India, posee, además de tres cuerdas de tripa de cabra principales, entre 20 y 37 cuerdas de acero, según las fuentes, que resuenan por simpatía produciendo un irresistible y colorido sonido, como iridiscente, lleno de armónicos (de ahí su nombre: sa-ranga significaría ‘con colores’). Está construido con una pieza única de madera Tuli indio (similar al cedro rojo) recubierta de un pergamino de piel de cabra, y un puente tradicionalmente tallado en hueso o marfil, aunque actualmente es más común de madera.

El sonido de las cuerdas simpáticas siempre me ha encandilado en los instrumentos de cuerda frotada y escuchándolo esta vez me hizo detenerme a buscar el origen y los autores de la música que estaba sonando.

El tema que detuvo mi concentración en el trabajo se llamaba Knochentanz, un instrumental hipnótico y melancólico del que me hubiera gustado compartir una versión en directo porque intento siempre publicar versiones de música en directo pero, dado que no hay ninguna grabación en directo, me he conformado con el que podéis ver y escuchar arriba: The Blues you sang, en el que podemos apreciar la maravillosa combinación de folk escocés de la guitarra de James Yorkston, el contrabajo de Jon Thorne, con su corazón de jazz y finalmente el recién descubierto sarangui y la aterciopelada voz de Suhail Yusuf Khan, músico de Nueva Delhi formado en la tradición clásica de India.

Es sorprendente la armonía que surge a veces entre culturas y sensibilidades muy distintas. Folk anglosajón, reminiscencias de jazz y antiquísimas formas de música india se funden con una sorprendente naturalidad unidos por tres instrumentos de cuerda y tres voces que se encuentran y se reconocen cuando miran en su interior.

El tema comienza en el minuto 1:53, podéis pasar directamente hasta allí porque hasta entonces James Yorkston habla sobre la canción, y creo entender que la compuso como dedicatoria a un amigo recientemente fallecido, también músico e intérprete de contrabajo.

Podéis escuchar el disco completo aquí debajo, junto a un esquema de la estructura del sarangui:

Y aquí su último disco, publicado este mismo mes de abril:

Página web oficial del grupo:

http://www.yorkstonthornekhan.com/