Me gustaría saber cómo funciona el algoritmo de Spotify que utiliza su lista de “Descubrimiento semanal”; cómo cataloga, etiqueta y define la música ¿instrumentos, épocas, estilos, tonalidades, volúmenes…?. Supongo que debe de desconcertarle alguien que un día escucha indistintamente música folk, bluegrass, indie, barroco, neoclásica, contemporánea…

El caso es que es bastante hábil porque me descubre músicas que de ninguna otra manera llegaría a descubrir, obras fronterizas a veces, de compositores desconocidos para mí y que merecen seguimiento.

Derek Charke es un flautista canadiense que en 2009 compuso esta obra para cuarteto de cuerda que contiene, además de su calidad melódica, lo que es para mí una cualidad irresistible: el uso de multitud de técnicas interpretativas propias de los instrumentos de cuerda frotada: nada más empezar uno ya empieza a asustarse con las anotaciones: sul tasto, ricochets, trémolos, armónicos de todo tipo, cambios constantes y repentinos de tempo, sobreagudos (as high as possible), glissandos, sul ponticello, pizzicati, pesante (presión extrema)…

Todas estas técnicas, algunas otra más, más algunos fragmentos en los que el compositor llega a ordenar “improvisar salvajemente” y “digitación aleatoria” crea un fondo de texturas ruidoso e irresistible del que emergen líneas melódicas de reminiscencias folk, creando un contraste y una dialéctica muy interesante.

Pero mejor escuchar al autor hablando de su obra:

“Imagina una serie de imágenes en tonos sepia, una al lado de otra, mientras caminas. Sepia Fragments es, de alguna manera, un collage, una experimento que yuxtapone material divergente a través de variaciones en la forma.

La apertura presenta una melodía de violín lenta y original desde el presente. Fragmentos de armónicos y trinos, fugaces, lanzados, acompañan a la melodía. Un “reel” comienza en tempo de 5/8 a medida que la música se vuelve más animada.

Encontramos citas abstractas de Schumann, Shostakovich y Tchaikovsky, transformadas e irreconocibles. Una melodía casi folk suena antes de la aparición del caos y de que los recuerdos se desvanezcan. Se introduce entonces el material disonante. La música se reconstruye varias veces antes de que finalmente colapse.

Lo que queda es lento e introspectivo: un final coral, el primer violín insinuando recuerdos de un pasado cercano y distante. 

El cierre se constituye en una transformación de la apertura. Desvaneciéndose desde la nada… a la nada.”

La obra la grabó en 2012 el Cuarteto St. Lawrence en conmemoración de sus 20 años, y ganó ese mismo año el JUNO Award for ‘Classical Composition of the Year.

Como siempre me gusta incluir actuaciones en directo, os dejo la única que he encontrado, a cargo del Wood & Wire String Quartet.

Si os atrevéis a intentar tocar esta obra, aquí os dejo unos pdf que son visualizables pero no imprimibles.

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Si queréis adquirir una copia impresa o un descargable imprimible podéis hacerlo desde este enlace.

Fuentes: